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El debate del 20N: un cero en democracia

Ayer asistimos a un espectáculo lamentable. Los dos candidatos de los partidos políticos mayoritarios acordaron emitir sendos mítines de forma unilateral en un programa de televisión. El "cara a cara", el título ya no prometía, estuvo moderado por el periodista Manuel Campo Vidal. El programa fue tan aburrido que si no fuera una excusa para tuitear sobre el innecesario papel del moderador o las meteduras de pata de ambos candidatos los pocos españoles que realmente lo estábamos viendo nos habríamos quedado fritos.

En España tenemos supuestamente una democracia, un sistema parlamentario en el que el pueblo elige a sus candidatos y las leyes se someten a discusión y votación en el Congreso. Desde que tengo uso de razón, nací en el 76, las elecciones son un gran péndulo que llevan al gobierno de la izquierda a la derecha, unos años gobiernan unos y los siguientes años los otros.

Al principio había una política más o menos definida en cada ideología pero hemos llegado a un punto en el que ya todo vale. Lo que dicen los del PP es de extrema derecha, sea lo que sea, y lo que dicen los del PSOE es progresista y de izquierdas, una izquierda que se ha difuminado bastante con fenómenos como el 15 M. Los socialistas protestan contra las ayudas a los bancos, pero las dan; los del PP apuestan por los recortes, pero dicen que no los van a hacer... y por el medio está la calidad de los políticos que ha descendido a niveles inigualables, ya nadie quiere meterse en política y sólo lo hacen dos tipos de personas: los oportunistas y los mediocres, compartiendo escenario con un par de políticos de raza, que por supuesto han sido decapitados por sus respectivos partidos, aunque siguen ahí por principios.

Buena muestra de esto y sus consecuencias fue el debate de ayer, por llamarlo de algún modo. La profesión periodística se muestra hoy de luto al comprobar que Campo Vidal únicamente tuvo la opción de hacer un saludo en varios idiomas y se limitó a controlar los tiempos, todo por exigencias del guión pero... ¿merece la pena prestarse a esto?

Los asesores de Rajoy tuvieron su momento de gloria, ya que leyó toda su intervención de principio a fin. Daba igual lo que Rubalcaba, que usurpó el papel de presentador, le preguntara. Para justificar los 550.000 euros que costó el debate pusieron a un equipo de personas a contar las veces que cada ponente miraba el papel. El resultado (si no se despistaron) fue de 585 ocasiones en el candidato popular, frente a las 48 veces que lo miró Rubalcaba, que había tenido la deferencia de aprenderse de memoria el programa del PP, por si Mariano olvidaba algún detalle.

En este circo mediático Rajoy hostigó los telespectadores con un discurso apropiado para un mítin, sólo le faltaron las pausas para los aplausos, pero muy inapropiado para una intervención televisiva en la que en pocos minutos tienes que dar las claves de tu programa y ganarte la confianza de los telespectadores.

Qué oportunidad tan perdida, Mariano, de mirar a la cámara y decirle a los españoles que entiendes por lo que están pasando, y que sabes que no es fácil, pero que si confían en ti te comprometes a levantar el país, hubiera sido un buen ejercicio de comunicación emocional. Y a continuación podías haberte prestado a responder a todas las preguntas que un Campo Vidal en su papel de periodista podría haberte realizado de parte del público. No es difícil, los asesores tenemos recursos en los argumentarios para todo, también para salir airoso de una pregunta incómoda, porque siempre son esperables. E incluso haberte sometido a cuestiones enviadas por tuiter o facebook, pero no, te ceñiste al pésimo guión que te habían preparado.

Rubalcaba lo tenía bastante más difícil en cuanto a credibilidad y datos, pero aún así contaba con la baza de su carisma político, muy superior al de Rajoy en mi opinión, su trayectoria y su experiencia. Adoptando el papel de víctima, como bien esbozó, le habría quedado de lujo ganarse a su auditorio diciendo que probablemente muchas cosas se podrían haber hecho mejor, pero que el triunfo no es del que no cae sino del que se levanta, y enumerar tres o cuatro medidas mínimamente creíbles para sacar a España del agujero de la crisis.

Nuestro país ha perdido una oportunidad de lujo para demostrar su calidad democrática y montar un debate bien estructurado con todos los partidos políticos con representación parlamentaria, y esto incluye a UPyD, le moleste a quien le moleste, y que aportaran entre todos diferentes opciones para arrimar el hombro y trabajar por la creación de empleo y la reactivación de la economía.

El "cara a cara" de ayer fue profundamente antidemocrático, insultante para todos los que nos pusimos frente al televisor -es indecente pactar no hablar de la corrupción, cuando es un tema que preocupa y mucho a los españoles- y terriblemente frustrante para quienes nos dedicamos a la comunicación empresarial o institucional, además de para quienes creen aún que la política sirve para algo.

 

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