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gentecorriente

Gastar por gastar

No sé bien en qué momento de mi vida empecé a aborrecer la acumulación de cosas materiales. De este modo, intento no comprar algo nuevo si no lo necesito, esa austeridad desearía verla también a mi alrededor, pero es difícil.

En A Coruña últimamente han decido cambiar las aceras, eso sí, sólo las del centro, los que vivimos en los barrios por lo que se ve no pagamos impuestos. Así que coincidiendo con la etapa navideña numerosos operarios han puesto 20 ó 30 calles patas arriba, para sustituir unas aceras que estaban en perfecto estado -las de toda la vida- por otras de piedra muy bonitas pero seguro que mucho más caras. Todo esto en una época de crisis y mucho antes de abordar otro tipo de gastos sociales desde mi punto de vista más apremiantes como por ejemplo guarderías o infraestructuras para arreglar un poco el caos de tráfico. No hay que olvidar que las multas no son la única solución eficaz.

Cada día hay una calle nueva totalmente ocupada por escavadoras, camionetas de todo tipo, palés de losetas, sacos de cemento, etc. Además de la zanja de rigor, se ocupan metros y metros como almacén de material, como total cortar calles es gratuito: se llama a la policía se ponen un par de señales y a correr... El resultado es un caos de tráfico tremendo, aparcar ya es imposible y para atravesar una calle tienes que armarte de valor, porque aunque están delimitadas las zonas de peatones con vallas o conos tienes la sensación de irte jugando la vida a cada momento. Otra característica de las obras en mi ciudad es que parece que nunca se acaban, y si se acaban no pasan ni dos meses y vuelve a estar la zanja abierta por cualquier motivo.

Cuando me jubile tendré tiempo para observar las obras y, en vez de jurar en arameo como hago ahora, me dedicaré a llevar un control exhaustivo de las veces que tenemos las calles patas arriba.

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