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El Aerochamber

Ser mamá es durísimo, tanto que deberían enseñarlo en las escuelas, pero si aún no has usado el aerochamber, no sabes lo que es tener un bebé. 

El peque se puso enfermo el otro día por enésima vez, en realidad lleva enfermo desde los 3 meses sólo que va presentando una sucesión ininterrumpida de síntomas cada vez más chungos y preocupantes. Cada vez que esto sucede acabamos desembolsando entre 100 y 200 euros aproximadamente. Todo es insultantemente caro: la leche, los pañales, las papillas, los biberones, pero el aerochamber se lleva la palma.

Resulta que esta semana el problema es el asma. Saco la libreta, pongo mis facultades a tono y trato de entender las complejas explicaciones de la doctora, que cada vez me da 3 ó 4 medicamentos diferentes y cada vez más caros. Hay que darle ventolín al niño, pero como no lo sabe inhalar hay que usar el aerochamber, es decir, hay que empezar por desembolsar 40 eurazos.

Roberto había hecho la complejísima mezcla del antibiótico, no puede venir ya hecha, no, así que yo traté de empollarme las instrucciones de la camarita que aparte de venir hasta en swahili miden un metro cuadrado, con lo cual tengo que tirarme en el suelo. 

A ver, "antes del uso examine cuidadosamente el producto por si trajese algún objeto extraño", ya jodería que después de pagar 40 euros por sus completos controles de calidad, el producto traiga "algún cuerpo extraño", en cualquier caso no me daría cuenta porque es la primera vez que lo veo. Ya empezamos "si es necesario, utilice sólo el inhalador de dosis prefijada (IDP) (Ya empezamos con las siglas) hasta obtener un reemplazo"... si alguien entiende qué narices significa esto que me lo explique.

En las instrucciones viene todo dibujado con un osito, que al final del proceso respira muy bien... pero suponemos que la prueba hay que hacerla con el niño. En cualquier caso sólo teníamos a mano un gusano de colores,  y desconocemos si puede tomar ventolín. Desde luego hubiera sido más fácil dárselo a él, porque no se mueve.

"Utilice el IFI flow-Vu para asistir en la coordinación de esta maniobra". La coordinación es ciertamente complicada, quizá más complicada que recorrer una pista de hielo con zapatos de suela y dos docenas de huevos en cada brazo... y además el niño, que evidentemente no quiere respirar por una mascarilla, lucha contra nosotros como si lo estuvieramos matando: chilla, se retuerce, mueve cabeza y brazos a la vez, llora, tose e incluso vomita.

Ja ja. Al parecer hay que contar 20 respiraciones... aguantamos dos y acabamos agotados. La verdad es que el ventolín estaba caducado hacía unos días y traía las instrucciones en griego, fue el que compré en la luna de miel, cuando aún veíamos la paternidad como algo dulce y sencillo a la vez. Así que hoy hemos tenido que comprar otro, 6 euros más.

Mi marido me preguntó si limpiaba el aerochamber, resulta que aún encima hay que limpiarlo una vez por semana, más que mi casa. "Coloque en una solución suave de detergente líquido para vajilla y agua tibia por 15 minutos", no especifica si hay que darle un suave masaje mientras tanto, seguro que no se le ocurrió al cabrón que hizo las instrucciones, si no...  "Para rearmar, centre el elemento de alineación en la parte trasera con el IFI  Flow-Vu como se muestra". Decididamente no lo vamos a lavar, si acaso le pasamos un agua, porque "rearmarlo" parece complicado, y dado que las instrucciones están traducidas por algún espabilao con el traductor automático de google del inglés, y que costó lo que costó, mejor no meneallo. Eso.

El niño no sabemos si respira mejor, pero nosotros respiraremos aliviados cuando terminemos el complejo tratamiento y recuperemos fuerzas, antes de enfrascarnos en algún complejo cuidado infantil más que sin duda nos deparará el futuro.

 

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